martes, 1 de julio de 2008

Temprano estoy ya triste, con mi expresión de gabardina y de paraguas,
invadido, acechado, desprotegido,
los libros desde los estantes se me arrojan contra el alma,
me provocan en el corazón profundas lesiones,
su comportamiento es el de las criaturas y las hojas,
sus discursos son estruendos irremplazables,
y percibo como en sus entrañas gritan las gargantas y las emociones,
zumban hasta mis ganglios y mis tuétanos,
son el rubor, la exhalación, el pálpito
de una multitud hace tiempo en silencio
que me arrebata y me descarna y me rompe,
labios de mis labios en la reflexión y la desgracia,
piel de mi piel enrojecida,
murmullo de mi murmullo que aletea salones y papeles,
así me acosan sus garras duras, verticales,
como nocturnos felinos temibles,
como criaturas carroñeras y hambrientas,
como aquellos juguetes dormidos en los baúles,
y no hay peatones, ni tahonas en la tarea, ni automóviles,
y casi no hay calles, y casi no hay fábricas a las que acudir,
y casi no se escuchan los besos junto a las almohadas,
temprano estoy, estoy ya triste, ya ensombrecido,
con los síntomas de la lluvia en las mejillas,
con las hormigas de la lluvia mordisqueándome las mejillas,
con la soga de la lluvia en la garganta,
con la sangre de la lluvia en el estómago,
y todo es confuso, y parecen estas gotas mi contienda,
y yo parezco su guerrero enfebrecido, impetuoso y delirante.

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